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presencia militar del “Imperio” norteamericano en su territorio. Todos los problemas fronterizos que ha tenido Venezuela desde su independencia hasta nuestros días ha sido zanjados pacíficamente y sus fuerzas armadas nunca se han involucrado en una guerra contra otra nación del continente. Colombia y Venezuela comparten una tradición fraternal y pacífica.

La lealtad de las Fuerzas Armadas de Venezuela a Chávez se ha basado hasta hoy sólo en una evidente corrupción simbiótica. No es lo mismo reprimir a estudiantes desarmados a cambio de prebendas que atacar a otro ejército disciplinado, profesional y veterano que ha batido con éxito la subversión narco-terrorista. Nadie sabe cual sería la reacción de los soldados venezolanos ante una órden bélica de Chávez, pues ese conflicto tiene implicaciones que hasta hoy las Fuerzas Armadas de Venezuela nunca han encarado.

Sin embargo, como demuestra de sobra la historia reciente, no es práctico esperar una conducta razonable de Chávez o sus subordinados. No es necesario estudiar sicología para concluir que Chávez es un bribón paranoico, inestable e impredecible. El antiguo Teniente Coronel de paracaidistas encabezó un golpe de estado contra el gobierno establecido de Venezuela, cuyo trágico resultado fue más de un centenar de muertos, otros tantos heridos, convulsión nacional e incontables pérdidas materiales. El ridículo bufón brincador y gritón de Caracas es muy capaz de derramar sangre, ya lo ha hecho y continúa haciéndolo en las calles de esa capital. Además, el conflicto en Sudamérica podría muy bien desencadenarse en otra frontera.

El mes próximo Sebastián Piñera tomará posesión del gobierno de Chile. Con Piñera, amigo personal y probable aliado continental de Uribe, Chile asume una posición más nacionalista y conservadora que la de la coalición centro-izquierda que ha gobernado a ese país por 20 años desde que el autoritarismo de Augusto Pinochet terminara por la decisión mayoritaria de un plebiscito democrático. A pesar de su reputación como diplomático y conciliador, durante su campaña presidencial Piñera no titubeó en llamar dictadura al régimen castrista y condenar la represión que ha desatado Chávez en Venezuela.

El territorio norte de Chile, incluídos ricos yacimientos mineros y la importante ciudad portuaria de Antofagasta, formaba parte de la provincia boliviana de Atacama hasta que en la Guerra del Pacífico (1879) tanto Bolivia como su aliada Perú fueran decisivamente derrotadas por Chile. El resultado de esa derrota fue no sólo extensa pérdida territorial para Bolivia, sino también la de su único acceso al Océano. Aunque el resultado de ese conflicto de cuatro años data de hace más de 130, los sentimientos anti-chilenos permanecen intactos tanto en Bolivia como en Perú.

Las aspiraciones bolivianas por una salida al mar son en consecuencia una causa socorrida en la política doméstica de Lima y La Paz y el Presidente Evo Morales se sirve de ella contínuamente. Aunque es obvio que ni siquiera con el respaldo peruano por sí sólo esas aspiraciones tendrían posibilidades serias de crear violencia, nadie debe desdeñar el peligro de que un eje Caracas-Lima-La Paz pueda estimular un conflicto. Aunque hasta hoy el gobierno de Alan García ha resistido las presiones de Chávez, nadie puede anticipar con certeza cuál ha de ser su posición ante los nuevos gobernantes chilenos.

Chile sería un oponente formidable. A pesar de sus escasos 18 millones de habitantes la larga y estrecha nación posee la economía más sólida al sur del Continente y sus profesionales Fuerzas Armadas son segundas de nadie en el área. El Ejército chileno cuenta con un cuerpo de batalla ágil y compacto, semejante al Ejército de Israel, sólidamente mecanizado y con un programa de reestructuración de equipos y estrategias que deben culminar en el 2015.

Chile tiene 340 tanques de batalla Leopard 1 y 2, 508 vehículos de combate de infantería y aproximadamente 700 tranportes blindados para personal militar. El número y diversidad de las piezas de artillería y misiles es material para un trabajo más especializado que este, pero se cuentan por los cientos. Sus 45,000 efectivos reciben contínuo entrenamiento intensivo precisamente en el área más al norte del país; el Desierto de Atacama, que una vez fuera territorio boliviano.

La Marina de Guerra de Chile está bien equipada y a punto de mejorar aún más sus dispositivos. Cuenta con 61 unidades de superficie y en breve contará con 71, lo que excluye cuatro submarinos. Entre sus 25,000 efectivos se cuentan 5,000 infantes de marina. La Marina Chilena tiene estrecha relación con la de Estados Unidos y la de el Reino Unido y una tradición que se remonta a la independencia del país.

La Fuerza Aérea de Chile tiene un personal de 11,000 de los que sólo 800 son conscriptos. Aunque las cantidades exactas de aviones de combate, sus modelos y procedencias no son todos del dominio público por estar en proceso de renovación, se sabe que su arma de combate principal es una versión del F-16 Falcon de la Lockheed y que posee cinco grupos de combate.

A pesar de ese poderío económico y castrense nadie puede anticipar las acciones irracionales de un sujeto como Chávez.


Hugo J. Byrne, Los Angeles, febrero 26

EL PELIGRO EN AMERICA DEL SUR

La contínua agresión verbal de la dictadura chavista, sus billonarias compras de material bélico a Rusia y China, sus ridículos conciliábulos con el terrorismo islámico y su inclinación a las provocaciones fronterizas con la vecina Colombia, amenazan convertir a Sudamérica en un posible escenario de conflicto armado. Hasta el momento de escribir este trabajo la actitud del gobierno colombiano parece considerar esa eventualidad altamente improbable. El Presidente Alvaro Uribe, en la víspera de importantes decisiones en política doméstica, ha reaccionado a los más recientes espasmos e insultos de Chávez con la misma impasividad con la que encarara todas las crisis pasadas.

Uribe y su equipo gobernante parecen asumir que las amenazas llaneras son sólo aire caliente para distraer la opinión pública del malestar que ocasionan en Venezuela las confiscaciones arbitrarias, la inflación galopante, el racionamiento de energía eléctrica y agua y la creciente inseguridad ciudadana. Ese malestar se ha reflejado en masivas protestas en Caracas y otros centros urbanos de Venezuela.

Es razonable creer que Chávez no arriesgaría una guerra abierta con su vecino occidental, al que acusa de servilismo ante la

 

 

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