



Sin embargo, es impresionante observar cuánta gente rechaza el uso de la habilidad pensante, prefiriendo acatar la opinión ajena sin la menor reserva, crítica o análisis. Esa actitud inconsciente los expone al destino de las víctimas. Los cubanos del destierro tienen duras experiencias que reflejan actitudes racionales, pero a pesar de ellas, algunos caen a veces en esa peligrosísima holgazanería intelectual.
Observo que de manera frívola esos desterrados identifican al socialismo exclusivamente con un proceso revolucionario y violento. Tengo malas noticias para ellos: los nacionalsocialistas (nazis) fueron electos democráticamente en Alemania. También lo fue Salvador Allende en Chile, quien a pesar de cuantos hipócritas reclamos de su legitimidad esgrima la izquierda, violó la constitución de ese país antes de que los militares lo derrocaran.
Los candidatos de la izquierda populista-totalitaria han sido electos con frecuencia en Sur y Centroamérica desde finales de la década pasada, empezando por Chávez en Venezuela, quien originalmente fue electo por una mayoría abrumadora. La realidad es que Chávez, aunque ahora un poco a la defensiva, ha reprimido el ejercicio de derechos elementales en su país y para ello ha contado (y todavía cuenta) con el concurso de una parte de la población. El respaldo de un sector popular (incluso si es minoritario ) es todo lo que requiere el colectivismo para imponer su programa de ruina.
La inmadurez política presupone que los problemas sociales de aquí difieren del lugar de donde venimos, y que las instituciones norteamericanas que establecen derechos están garantizadas indefinidamente por arte de magia, aunque no las defendamos con el voto, las armas, o la educación política. Tenemos un peligroso complejo de inferioridad social que puede resumirse así: “No necesito compartir responsabilidades para disfrutar de derechos en este país”. Una aberración muy semejante liquidó la libertad en Cuba. \
Hay tantas premisas erróneas en ese planteamiento que se necesitaría un tratado para enumerarlas, el que por supuesto no cabe en las dos cuartillas de mi columna. Sin embargo, puedo afirmar en ellas que el socialismo, cuya agenda de ruina presume la “repartición” arbitraria de bienes por confiscación y despilfarro por un estado arrogante (lo que puede alcanzarse fácilmente con impuestos y programas incosteables), está siendo presentado como una panacea posible. Es orate que se acepte sin reflexión tal fraude, cambiando la filosofía noble que diera fundamento a esta república por un ridículo lema electoral. Pero asombra que haya cubanos en esa comparsa.
Por supuesto los socialistas usan aquí distinto vocabulario. En vez de proclamar su agenda en forma directa y honrada, hablan en código. Afirman que debemos adoptar “cambio”, que seamos menos ambiciosos, pensando más en términos colectivos que individuales”. ¿Suena familiar? Si preguntamos cómo se financiará un programa multi-billonario, nos responden que tengamos “esperanza”. Ya aprendimos que el hombre no vive solamente de pan, pero también sabemos que quien vive de esperanzas muere de desengaños .
Cuando les indicamos la contradicción enorme entre la promesa de no aumentar impuestos a individuos o familias percibiendo menos de $250,000 de ingresos anuales y el anuncio de que todas las ganacias de capital pagarán doble porcentaje de impuestos, no responden. Sorprendidos en el embuste , nos hablan entonces de “imparcialidad” (“fairness”). ¿Quizás nos crean idiotas? Quienes son despojados cuando se duplican los impuestos en ganacias de capital a largo plazo no son sólo los ricos, sino también los millones de familias de clase media pobre y las decenas de miles de fondos para pensiones y retiros.
Hoy el impuesto a ganacias de capital en Estados Unidos es 15%. Quieren aumentarlo a 28%. Eso es lo que un contribuyente tendrá que pagar al fisco en la venta de su propiedad comercial (aunque sea la única) si prevalece ese fraude. El valor líquido de una propiedad rentable digamos de $250,000.00 (cifra modesta en bienes raíces), acumulado con gran sacrificio por una famila humilde durante 25 años se convertiría en sólo $180,000.00. ¡$70,000.00 irían directamente a parar al IRS! Pero nos aseguran que eso no es saqueo socialista , sino “imparcialidad”. Amigo lector, sepa que hay cubano-americanos que se tragan esa burda carnada.
Para protegernos contra la estafa sólo contamos con nuestra capacidad para pensar. Nadie razonable cambia una situación incómoda por otra insoportable . Los remedios motíferos no alivian males y lo malo siempre puede “cambiarse” a peor . Recordemos los pensamientos que sobre colectivismo nos legara alguien a quien nadie acusó jamás de ser indiferente a los problemas sociales, José Martí. Aforismos que ya no tienen cabida en nuestra patria en cadenas, pero que aquí todavía pueden proclamarse : “Carl Marx anduvo de prisa y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”.
COLECTIVISMO INCONSCIENTE
La capacidad de raciocinio es la diferencia entre el hombre y el resto de los seres vivos. Es también el factor que hace posible nuestra superioridad sobre ellos: El ser humano, proporcionalmente a su tamaño, es físicamente el más débil de todos los animales superiores.
Un leopardo de 115 libras de peso es capaz de subir a un árbol arrastrando con los dientes a un antílope de 160, después de una brutal carrera para alcanzarlo y estrangularlo mordiéndole la garganta, mientras que la víctima resiste con todas las fuerzas de la desesperación.
No existe ser humano (no importa su peso) capaz de logro semejante, utilizando fuerza bruta y sin otros medios inteligentes. Al comparar la fuerza física relativa de un hombre a la de especies menos desarrolladas, la diferencia es aún mayor: una hormiga puede transportar una carga varias veces más pesada que su propio cuerpo.