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después de que una computadora de “laptop” confiscada al segundo jefe de esa guerrilla probara la complicidad de Chávez en la subversión que enfrenta Bogotá. A estas alturas el gobierno de Colombia tiene que saber de sobra quién es quién.

Aún ignorando la poderosa evidencia que los laboratorios de INTERPOL verificaran, la alianza entre los regímenes de Cuba y Venezuela es materia de conocimiento público. Además el propio régimen castrista tiene un historial vergonzoso de subversión contra muchos gobiernos legítimos de este continente, el que Colombia no puede ignorar. Todo indica que el Canciller colombiano disimulaba para no antagonizar demasiado a Raúl Castro. Recordemos que la diplomacia es el arte del disimulo.

No culpo al pobre diablo ni al Gobierno que representa. La histórica inconsistencia norteamericana para con sus aliados se manifiesta de nuevo en el rechazo del Congreso de Estados Unidos a la aprobación del acuerdo de Libre Comercio con Colombia. Ese rechazo no está diseñado para dar respaldo al último gobierno sudamericano con buenas intenciones hacia Estados Unidos. Especialmente cuando esa irresponsable actitud de los legisladores tiene razones políticas: se debe a la agenda vergonzosa de los congresistas demócratas a nunca antagonizar a sus promotores en los sindicatos laborales.

Sin embargo, lo que quizás sea excusable en diplomacia (muy en especial entre aliados de Norteamérica que temen ser traicionados), es imperdonable entre políticos que aspiran a la primera magistratura de la nación. Un miembro ejecutivo de la campaña presidencial del senador Barak Obama fue forzado a renunciar cuando se hizo pública su reunión con personeros de una organización islámico-terrorista. El más nuevo Senador por Illinois también criticó la reunión del expresidente y notorio propagandista antiamericano Jimmy Carter, con terroristas islámicos.

Sin embargo, el propio precandidato Obama ha declarado su intención, que de ser electo Presidente, se reuniría en persona y sin condiciones previas con individuos de la calaña de Kim Jong Il, Raúl Castro y Mahmoud Ahmadinejad. ¿Podrían esas declaraciones considerarse contradictorias? Contactos entre Washington y otros gobiernos que abiertamente promueven el terrorismo han ocurrido con frecuencia en el pasado. El Presidente Carter abrió la llamada Sección de Intereses noteamericanos en La Habana, dándole la oportunidad a Fidel Castro a enviar a Washington sus espías disfrazados de diplomáticos. Más tarde Ronald Reagan envió al General Vernon Walters a La Habana en un esfuerzo inútil de hacer las paces con el Tirano. Recientemente enviados norteamericanos han visitado Siria y Corea del Norte.

La diferencia fundamental es que ningún jefe de estado norteamericano se ha reunido en persona con fanáticamente agresivos tiranos que anuncien como la política oficial de sus regímenes la destrucción física de este país o sus aliados. Ciertamente ese no fue el caso de Dwight Eisenhower, John F. Kennedy, Richard Nixon, Carter o Reagan cuando durante la Guerra Fría tuvieron reuniones personales con los jefes soviéticos. Es cierto que Carter ridiculizó a su país sirviéndole de bufón a Castro hace algunos años, pero entonces era ya sólo ex-Presidente. Bill Clinton también, una vez, le dio la mano al hediondo dictador de Cuba, pero de acuerdo a su versión de los hechos, fue por accidente.

Los políticos Republicanos y Demócratas responsables admiten que fuera de una confrontación armada, las únicas armas efectivas para neutralizar a Irán son el aislamiento político y la presión económica. Ahmadinejad no oculta que tiene planes de desaparecer del Planeta al “maldito Israel” y a Estados Unidos, si se atreve a impedirlo. ¿Es esto sólo fanfarronería? De ser así, ¿por qué Irán desarrolla capacidades nucleares contra viento y marea? Irán flota sobre un verdadero océano de crudo, por lo que sus necesidades energéticas pueden satisfacerse abundantemente, sin recurrir a la energía nuclear. Entoces, ¿qué objetivo persigue Irán construyendo plantas de enriquecimiento de uranio? (que no sea capacidad militar ofensiva).

La pregunta que el precandidato Obama debe contestar sin demora (si es que hay respuesta para dicha pregunta) es cómo una reunión personal suya con Ahmanidejad puede contribuir al aislamiento diplomático de este último, o a disminuir su capacidad económica. Sería juicioso argumentar que tal reunión lograría exactamente lo contrario, exaltando la estatura mundial del enano barbudo y avanzando las posibilidades políticas domésticas de este villano con una gran “victoria diplomática” sobre el “Gran Demonio” norteamericano.

Obama necesita encontrar una respuesta adecuada a esa pregunta si pretende demeritar las ahora reforzadas acusaciones de inexperiencia y falta de criterio juicioso. Eso lo tiene que hacer honestamente sin recurrir a veleidades dramáticas. Como dijera el Gran Corso, en política los errores se pagan más caros que los crímenes.

La diplomacia blanda para disuadir a quienes están decididos a destruir la libertad y ejecutar a quienes traten de impedirlo está inexorablemente condenada al fracaso. Esa diplomacia fue ya intentada por el Presidente Carter hace más de 30 años (contra oponentes mucho menos peligrosos) con funestos resultados. No es nada nueva la fórmula de combatir el terrorismo mediante duplicar nuestra ayuda exterior. Aún en circunstancias normales no podemos comprar enemigos para convertirlos en amigos. ¿Y cómo es posible comprar un enemigo que es inmensamente rico?

¿Cómo podemos llamar “cambio” a esa inmensa locura y mantener la cara seria?

 

Hugo J. Byrne, Los Angeles, mayo 18

 

 

“Lo que el enemigo occidental llamaba la guerra fría, el campo soviético llamaba coexistencia pacífica' ” . Brian Crozier The Rise and Fall of the Soviet Empire

 

 

 

 

 

NEGOCIANDO CON EL TERRORISMO

(Traducción libre del original en inglés)

¿Es acaso práctico diferenciar los actos criminales de terrorismo cometidos por bandas internacionales de fanáticos fascinerosos, con los perpetrados por Gobiernos que se complotan con esos grupos y abiertamente apoyan sus designios criminales? La intervención norteamericana en Afganistán y su apoyo al derrocamiento del Talibán sugiere que no existe diferencia alguna.

Durante una reciente entrevista televisada el Ministro de Relaciones Exteriores colombiano elogió la cooperación que, supuestamente su país recibe del régimen de La Habana, para controlar la insurgencia y los secuestros de la guerrilla narco-marxista de Colombia. Esas depredaciones son financiadas por el nuevo promotor de las FARC, el régimen venezolano del gorila izquierdista Hugo Chávez. ¿Fueron ingenuas esas declaraciones del diplomático colombiano, o actuaba de acuerdo a lo que la Cancillería colombiana considera sus intereses nacionales?

No importa si las declaraciones del Embajador fueran hechas antes o