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Las conversaciones sobre derechos humanos entre los eepresentantes de la Tiranía y del Gobierno español concluyeron sin resultados hasta ahora palpables. Todo es retórica por ambas partes. El Gobierno cubano, por un lado, afirma arrogantemente que el tema de los presos políticos no estaba incluido en la agenda. Al menos así expresó el canciller castrista Felipe Pérez Roque, luego de la visita de Moratinos a La Habana. Ahora la parte española asistente a estas primeras conversaciones, afirma que sí fue incluido.
Como parte de la agenda, los del régimen incluyeron la visita a varias prisiones en los alrededores de La Habana,
que, según los propios peninsulares, no fue de inspección, ya que eso corresponde a organismos internacionales.
Los cubanos sabemos bien, como se preparan estas visitas. Nos lo enseñaron en la propia escuela, cuando todo el año la disciplina, la limpieza, y el “almuerzo” eran un desastre, y un mes antes se anunciaba la visita del Ministerio y al final, la escuela terminaba con la condición de Vanguardia.
Más aún, recuerdo, estando en prisión, la visita que organizó el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano a varias prisiones, entre ellas el Combinado del Este, donde pasé mis últimos meses en prisión.
El ministro Pérez Roque acudió allí acompañado de embajadores y otros diplomáticos, quienes fueron llevados a áreas de la prisión previa y apresuradamente remodeladas y con reclusos advertidos de que sus comportamiento sería castigado o premiado luego de la salida de los diplomáticos. El resto de los reclusos de otras áreas, permanecieron todo el tiempo bien encerrados en sus celdas.
Tampoco hemos visto la liberación de ningún preso político, ni aún de varios de ellos que, como han denunciado y advertido recientemente varios de sus familiares, se encuentran en delicado estado de salud.
Cabe preguntarse: ¿son ingenuos los representantes españoles? Por supuesto que no. No pueden serlo; la realidad y la experiencia no podemos creer que sean ignoradas por éstos.
Se trata sólo de un juego de intereses y punto. En primer lugar, la misma frecuencia de las conversaciones, ante una situación como la de Cuba, es realmente bochornosa. Los representantes de un país democrático, afirman y aceptan tratar el tema de derechos humanos, dos veces al año, con un régimen que luego de casi 50 en el poder tiene cerca de 300 presos políticos en las cárceles y recrudece la represión contra los defensores de esos derechos en la isla.
Pareciera que para el Gobierno español, al igual que para la Dictadura, no hay apuro, pues el respeto a los derechos humanos en Cuba, significan cambios hacia la democracia, y sin ella, los intereses de unos y otros, nada pierden.
El gesto de desprecio de Moratinos a los demócratas cubanos, y estas negociaciones, recuerdan a los tiempos de finales del siglo XIX, cuando España negoció con Estados Unidos el destino de Cuba a espaldas de quienes llevaban años luchando y dando su vida por la libertad de la isla. Ahora el interlocutor de la “Madre Patria “ no es el vecino del Norte; ahora son los déspotas insulares, a quienes sin duda ayudan a ganar tiempo sin que nada sustancialmente cambie para nuestro sufrido pueblo.
El Gobierno español quiere ser protagonista en el presente y el futuro de Cuba, no importa evidentemente mucho los legítimos intereses del pueblo cubano. ¿O acaso tendrán la secreta esperanza de que, como el régimen de cualquier modo ya está en el final de su existencia, quede la apariencia de que jugaron algún papel en los cambios y los cubanos habremos contraído entonces “deudas de gratitud” con nuestra antigua metrópoli, esa misma deuda que Antonio Maceo no quería contraer con los Estados Unidos?
Hay incluso, algunas señales dentro de Cuba, de que cuentan con aliados en esa política, aliados conscientes o no, que sí aceptan de España lo que rechazan de los Estados Unidos. ¿Qué dirían esos que ahora aplauden y afirman que el Gobierno de Cuba ha legitimado el diálogo, si el Departamento de Estado inicia negociaciones con las autoridades cubanas, ignorando a la oposición interna, o más aún teniendo en cuenta a una parte de la oposición, pero ignorándolos a ellos?
¿Cómo puede afirmarse que la Tiranía ha legitimado el diálogo para abordar los cambios en Cuba, que es lo que realmente necesita el país, por el hecho de que se sienten a “dialogar” con quienes teniendo intereses en la Isla, le han hecho muchas concesiones y pocas exigencias al tiempo que ignora, y sigue reprimiendo, a sus pacíficos opositores que incluso emplean y han empleado vías constitucionales para propiciar esos cambios?
La oposición cubana, ante esto, ha sido clara. Las declaraciones de destacados líderes de la misma expresan la falta de fé en los resultados de ese supuesto diálogo. Ahora queda desplegar el trabajo político necesario para impedir que en el seno de la Unión Europea se siga viendo a España como el referente a seguir de lo que debe ser las relaciones con el régimen castrista.
Si la política española estuviera basada en principios transparentemente en defensa y promoción de los cambios democráticos, entonces los lazos históricos, humanos y culturales que tienen con nuestra patria, serían una buena vía para influir en ellos. Pero lo que vemos no es eso. Son otros en el seno de la Unión Europea, que con culturas muy diferentes a la nuestra, por principios unos como es el caso de Suecia, y también por haber compartido similar experiencia histórica como es el caso e la República Checa, mantienen una política en relación con el Gobierno cubano claramente marcada por el interés de que la liberación de los presos políticos,y el respeto de las libertades fundamentales, sean los pasos que se den por parte del Gobierno castrista, para que las relaciones con esos países comiencen a ser normales.
Las democracias no pueden tener relaciones normales con las dictaduras, y esa debe ser la norma que la gran mayoría de los demócratas cubanos, esperan de los Gobiernos de la Unión Europea, norma de la cual, el actual gobierno de España está muy lejos de ser el ejemplo.
No podemos confiar en un diálogo sobre derechos humanos sobre el cual, en sus declaraciones públicas las partes se contradicen. Porque si en realidad este va encaminado a lograr cambios reales, aunque graduales, los demócratas cubanos son ignorados. ¿Sobre qué realmente se negocia? ¿Pueden ser secretas estas conversaciones cuando las vías para alcanzar los cambios tienen que ser claras y transparentes?
Quienes luchan dentro y fuera de la Isla por la democracia en Cuba, no deben cifrar ninguna esperanza en ese diálogo. La agenda política en la lucha pacífica favor de los cambios debe mantenerse. Los demócratas que estamos en el Exilio debemos incrementar nuestro apoyo a nuestros compatriotas en la Isla y seguir llevando a todos los escenarios internacionales donde sea posible, el mensaje de esos que allí promueven realmente los cambios y recabar cada vez más solidaridad y la exigencia de la comunidad internacional a favor de la liberación inmediata de los presos políticos.
La Unidad por La Libertad acordada por las principales fuerzas de la disidencia y la oposición pacífica ha sido un sustancial paso de avance en pos de fortalecer aún más a las fuerzas pro democracia dentro de la isla. Por ahí está ahora el camino para alcanzar la libertad y la democracia para Cuba.
