CUBA: ENTRE MUROS

 

 

 

 

 

 

 

 

circunstancia especial, no deben ir a parar a la sombra de ese muro. Cuba, o ese muro, es por estos días un campo arrasado; casas convertidas en ruinas; personas que caminan por el barro con la incertidumbre en los rostros y, sobre todo, en sus palabras. Es el paisaje de una catástrofe natural que se suma a otra social y política de largo, muy largo recorrido. Los daños de esa catástrofe natural, que no la otra, ya han sido más o menos cuantificados. Cuando había pasado sólo el primer huracán, Gustav, se calculaban pérdidas por $5,000 millones de dólares.

Aunque debe ser difícil medir cuánto vale realmente, en términos económicos, una modesta casa que, además, se hallaba en mal estado; un edificio que ya se encontraba medio derruido; un campo yermo o a medio cultivar; unas infraestructuras que se caían a pedazos; aunque debe ser difícil calcular ese valor, digo, no lo es tanto hacerlo, y con exactitud, en términos utilitarios. Y sí, en cuanto a eso podemos afirmarlo: las pérdidas han sido, en efecto, cuantiosas.

Aunque sólo sea por esta vez parece que los datos de la realidad y los del régimen se aproximan. Y es lo interesante. Fidel Castro hasta ha llegado a comparar estos efectos con los de una explosión nuclear. Y el general Carlos M. Lezcano Pérez -- presidente del Instituto Nacional de Reservas Estatales (INRE) -- [abajo] le hizo eco al declarar, sin ambages, que era imposible enfrentar la catástrofe con las reservas existentes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas dos fuentes bastan para situar en contexto la conducta del régimen. Y, sobre todo, para, así las cosas, verificar lo obvio: que su esencia es a prueba de huracanes. Que su procedimiento sigue siendo el mismo. Y que es tan previsible como desde que dejó de ser revolución, allá por los primeros setentas del pasado siglo.

¿Pero qué significa realmente esa, por así decirlo, inédita honestidad estadística del Gobierno cubano? ¿A qué viene esa metáfora alarmista de Fidel Castro, y la no menos alarmista declaración del General? ¿Es que acaso quieren sembrar más pánico en el pánico?

Los días posteriores nos han ido desmenuzando la respuesta. Los huracanes, más este enfoque crudo que pone en manos de la ayuda exterior, el trabajo, la ética y la eficiencia la bastante lejana (e improbable) solución, producen un primer resultado a la vista: el Partido y el Poder Popular, ese todo que ahora encabeza Raúl Castro, tienen así un calzo adicional idóneo para las consignas; nuevas y sólidas justificaciones que añadir al inventario; un rédito político muy oportuno. Es como si los huracanes hubiesen barrido del escenario otras urgencias. Y el régimen, experto en tales menesteres, ha comenzado de inmediato su tarea. Ha comenzado a enterrar en el barro, en el agua y en el silencio, algunas de las expectativas que parecía interesado en promover, y a hundir aún más otras (como ésa que les anuncié al principio) que nunca ha querido que se vean.

Por paradójico que resulte, el Gustav y el Ike le han dado pues un respiro que ya el embargo comercial de EEUU parecía racionarle. Ahora, gracias a ese desastre, puede ganar tiempo; puede atraer la atención hacia cosas prácticas menos complicadas; y, lo que es todavía más importante, puede volver impunemente a su hábitat: el permanente estado de guerra. Lo protegen la nueva cara con que el mundo lo mira y el silencio de las ruinas. Ese muro de agua, barro y silencio que el Gustav y el Ike le han legado.

Así, por ejemplo, parece razonable, aunque no lo sea, que cambie su reciente discurso pseudoreformista por el mucho menos peligroso de las trincheras; que redoble los ataques contra el embargo comercial de EEUU y los opositores que, como se sabe, presenta tendenciosamente en el mismo pack; que descienda al pueblo desvalido y le ponga la mano en el hombro para la foto, como en los viejos y mejores tiempos. Todo como parte de ese muro que a la vez le permite ensañarse, aún más, con los presos políticos. A fin de cuentas, en medio de tal barullo ¿quién va a pensar en ellos?

Y aquí me detengo. Por fin he llegado a esa “cosa” que insinué al principio y que, por razones personales, más me preocupa. Porque no debe ir a parar, de ningún modo, a la sombra de ese muro. Ampliando la pregunta anterior: ¿quién se ha acordado en estos días de los presos políticos? ¿Quién se ha preguntado qué efectos han tenido para ellos los huracanes? ¿Quién ha intentado al menos imaginarse lo que estarán sufriendo y lo que les espera en circunstancias tan críticas, cuando ya llevan años viviendo en la circunstancia más crítica que pueda concebirse: el presidio político en Cuba? ¿Qué periodista acreditado en la isla, qué político extranjero, qué intelectual de izquierdas ha intentado al menos acercarse a esa realidad y comprenderla?

Al contrario. Como otras veces ya circula por ahí la correspondiente cartita de apoyo al Gobierno cubano (aunque dicen que a Cuba). Una carta, bueno es aclararlo, pensada, escrita y puesta en circulación por el propio Gobierno cubano y en la que ¡no faltaba más! se le exige a EEUU el cese del llamado bloqueo. Y cabe preguntarse, ¿por qué Juan Gelman y los demás firmantes no aprovechan y, ya puestos, en vez de firmar servilmente una carta con el matasellos de la UNEAC , que todos sabemos qué representa, no son un poquito más originales y firman su propia carta, ésta sí independiente, en la que, además de exigir a EEUU el cese del embargo (que está bien), exijan al Gobierno de Cuba el cese de toda violación de los derechos humanos y, en consecuencia, la liberación de los disidentes (que estaría mucho mejor)? ¿Por qué no se ponen de una vez, y realmente, al lado de Cuba? ¿Por qué no le exigen por igual a los gobernantes de La Habana y a los de Washington que la dejen en paz?

Es preciso, para terminar, que les detalle por fin la información a que me referí al principio y que dio pie a estas reflexiones. Llegó hace unos días a mi correo electrónico y la escribió en La Habana Álida Viso, esposa de Ricardo González Alfonso, uno de los setenta y cinco disidentes que fueron encarcelados durante la Primavera Negra de 2003 y para el que ?pese a haber requerido desde entonces de cuatro intervenciones quirúrgicas y padecer hipertensión arterial, artritis cervical, alergia y diversos trastornos circulatorios y digestivos?, curiosamente no ha habido ninguna piadosa licencia extrapenal. El periodista y poeta convive con otros 36 reclusos en el local tapiado que es la celda 31-14 del Edificio 3 del Combinado del Este en La Habana. Allí el agua de lluvia traza en las paredes figuras fantasmales; las gotas golpetean tristes sobre el agua empozada a pesar de las ingeniosas canales que han construido con pomos plásticos. Allí, a la sombra de esos muros, Ricardo, con bronquitis, sin medicación, humillado, sufre la opresión de un silencio que recuerda mucho la indiferencia. Y ahora repítase el dato tantas veces como disidentes encarcelados hay, y se tendrá el alarmante total de esa alarmante y casi ignorada realidad que el régimen deforma y quiere ocultar. En la nota Álida Viso refleja, con estremecedora simplicidad, ese lado sombrío, disimulado a la sombra del muro y la desidia de quienes ni siquiera hacen el intento de saltárselo.

Sobre el autor: Natural de Morón, Cuba, 1951. Escritor y periodista. Ha publicado “El día siguiente de mi infancia” (Editorial Letras Cubanas); “Cubo de Rucbick” (Editorial Unión) y “Curiosidades” (Ediciones Extramuros). También publicó poemas en revistas culturales cubanas, mexicanas y colombianas, así como en antologías de México y Cuba.

Trabajó en la Agencia de prensa independiente “Cuba Press” desde su fundación como editor y articulista, colaborando, entre otros, con Radio Martí, Cuba Free Press, Cubanet y Revista HC de la Fundación Hispano Cubana.

Actualmente está exiliado en España y es miembro de la Unió de Periodistes Valencians, asociación integrada a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España.

 

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Abel Germán Díaz Castro, Valencia, España, septiembre 25

Un muro de agua, barro y silencio. Ése es el regalo que los huracanes Gustav e Ike han dejado a Raúl Castro. Un muro tras el que se pueden ocultar muchas cosas. Entre las informaciones sobre los daños causados por los huracanes que he ido recibiendo en estos días, me llegó una nota que más adelante explicaré. Se refiere justamente a una de esas cosas que, por su