Apenas una semana después de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, el régimen ataca de nuevo. No contraataca, no se defiende, como se ha dicho, porque eso supondría un estatus que sólo corresponde a las víctimas. Ataca como lo hizo dejando morir a Zapata, deteniendo a más disidentes o acusando a EEUU de esa muerte. Como hace siempre, aunque se trate de una huida hacia delante.

Esta vez acude a un recurso que le es consustancial: el espionaje. Con cámaras ocultas filmó a la madre de la víctima que, en su desesperación, en algún momento agradece las tardías atenciones médicas que estaba recibiendo su hijo. Un método, hay que reconocerlo, muy efectivo. Lo que no quiere decir que sea limpio y que sirva para todo. Y ahí está, recorriendo el mundo para una vez más intentar confundir a quienes dudan o no creen en ellos, y reforzar la fe de aquéllos que, creyéndose deudores de un izquierdismo ni siquiera reciclado y con la indecencia propia de este tipo de declaraciones, son capaces, a coro con el régimen y sin preocuparse por contrastar, de tildar de delincuentes comunes, de terroristas y de mercenarios a Zapata y a todos los presos de conciencia cubanos.

Pero lo dicho: este video no lo prueba todo. No sirve para todo. Incluso puede decirse que sirve para bien poco. Al menos no para lo que el régimen pretende. No sirve, digamos, para explicar por qué se le dejó llegar a ese estado de no retorno que le provocó la muerte. No sirve tampoco para justificar su encarcelamiento y su larga condena.

Y aquí conviene extenderse un poco: A los que aceptan el cargo de mercenario como justificación de que haya 200 presos por causas políticas (incluida la víctima de este crimen), debe recordárseles que resulta, como poco, curioso un mercenario que recibe dinero (si es que lo recibe) por escribir lo que piensa o pertenecer a una organización pacífica que únicamente pretende buscar soluciones a los graves problemas creados en el país por los dislates de una especie de dinastía partidista que, con el monopolio del país en sus manos, se impone en el poder desde hace medio siglo.

Asimismo a los que aceptan como justificación el cargo de delincuencia común, debe recordárseles que resulta igualmente “curioso” un delincuente común que lo sea sólo porque el Gobierno que lo condena niegue la existencia en sus cárceles de presos políticos y los mezcle con asesinos y ladrones.

Y, por último, a los que aceptan como justificación el cargo de terrorismo, debe recordárseles que es, del mismo modo, “curioso” un terrorista que vive y actúa en público y al que sólo se le han encontrado ejemplares de la Carta de los Derechos Humanos, bolígrafos, textos de opinión, quizá alguna cámara fotográfica, un ordenador y poco más. Ni un arma, ningún elemento químico que pueda combinarse para que explote, ningún pasamontañas, ningún plan para atentar contra algo o alguien. Y conviene que se sepa también que en Cuba la simple intención terrorista se castiga con la muerte, así que el hecho de que estén vivos es suficiente para descartarlo.

Tampoco invalida lo que motivó la huelga de hambre del opositor: a saber, los maltratos a que fue sometido por sus carceleros.

En cambio este video (como otros de la misma naturaleza que le anteceden), sí que vale para abrir un par de interrogantes. ¿Por qué el régimen hizo este seguimiento y lo filmó? ¿Qué viene a demostrar realmente?

El porqué parece obvio: quería registrar momentos, frases, lugares que pudieran servirle luego para atenuar las consecuencias de lo que sabía estaba haciendo. Para intentar desmentir la evidencia.

Todo muy calculado, como siempre. Como que esta “tarea” ha sido ejecutada por el único sector que sí ha funcionado y sigue haciéndolo con eficiencia matemática: el Ministerio del Interior. O, más exactamente, la Seguridad del Estado. Porque asegurarse es y ha sido la gran preocupación de este Estado supuestamente “del pueblo y para el pueblo”. Así que lo único que sí han logrado planificar es eso: la represión; la intriga; la manipulación.

Tengamos en cuenta que estamos ante la actuación de una Seguridad del Estado entrenada en los métodos y técnicas del KGB, que dispone de los recursos más sofisticados (en el sentido amplio del término) aunque el país esté al borde del colapso económico, y que posee cinco largas e intensas décadas de experiencia.

Pero digamos algo sobre el mensaje del régimen. ¿Realmente Zapata es el único responsable de su muerte? ¿O lo es EE UU, como cínicamente dijo Raúl Castro? ¿El régimen le dio la atención y el tratamiento correctos?

Para empezar, Zapata Tamayo (como el resto de los presos políticos), nunca debió ir a la cárcel. Pero ya que allí estaba, nunca debieron darse las circunstancias e injusticias que lo obligaron a plantear su protesta de ese modo. Y, por otra parte, si esa atención fue correcta (esto es, si contó con los recursos y se le brindó en los tiempos oportunos), ¿cómo es que murió? Además, ¿acaso la madre, ésa que ahora aparece en el video agradeciendo los esfuerzos médicos (quizá en un momento de debilidad, forzada por su desesperación de madre o porque pensase, con cierta lógica, que los médicos no eran culpables), esa madre no es la misma que denunció en diversas ocasiones que estaban matando a su hijo, y que cuando éste murió dijo bien claro que se lo habían matado? Y es más, ¿acaso es importante el hecho de que los médicos que recibieron a Zapata ya insalvable hicieran lo posible por salvarlo? ¿Es que nueve minutos de grabación escogida, y quizá manipulada, pueden resumir un acto que duró casi tres meses y cuyo desenlace trágico conocemos? ¿Es que esas imágenes tomadas por la Seguridad del Estado cubana pueden pesar más que las muchas fotos, grabaciones y denuncias publicadas anteriormente por otros medios, en los que queda claro cómo, con qué mano fría, el régimen condujo el proceso de esta muerte?

Si algo viene a demostrar el susodicho video es, si acaso, primero: cuánto desprecia el régimen a la opinión pública; segundo: que la impunidad de sus actos anteriores le infunde una confianza temeraria; tercero: que su desesperación le hace actuar cada vez de un modo más chapucero y desquiciado; y cuarto: que actuó, como suele decirse, con premeditación y alevosía. Preparó concienzudamente el terreno para matar a su víctima dos veces: una como ser humano, otra como símbolo. Algo muy propio del estalinismo. Muy propio del castrismo.

Un burdo sebo que morderán, si acaso, los que desde antes han mordido el anzuelo de un discurso ajeno a la realidad. O varios cubanos de la isla cuyo único alimento informativo es ese sebo. En cualquier caso, pocos. Aunque al régimen apenas le interesan estos números

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Abel Germán Díaz Castro, Valencia, España, Marzo 10, 2010
EL VERDUGO ATACA DE NUEVO